Arrogancia Sin Fundemento

(En memoria de Carl Sagan)

En uno de sus interesantes libros de divulgación científica –LOS DRAGONES DEL EDÉN— el astrónomo Carl Sagan nos ofrece una figura para concebir adecuadamente nuestro “puesto” en la vida del universo:

“Para expresar la cronología cósmica nada más sugerente que comprimir los quince mil millones de años de vida que se asignan al universo (o, por lo menos, a su conformación actual desde que acaeciera el Big Bang) al intervalo de un solo año. Si tal hacemos, cada mil millones de años de la historia terrestre equivaldrían a unos veinticuatro días de este hipotético año cósmico, y un segundo del mismo correspondería a 475 revoluciones efectivas de la Tierra alrededor del sol”.

En esta imagen, el Big Bang (la “gran explosión” inicial) ocurre el 1 de enero; el origen de la galaxia de la Vía Láctea, el 1 de mayo; el origen del sistema solar, el 9 de septiembre; la formación de la Tierra, el 14 de septiembre; el origen de la vida en la Tierra, aproximadamente el 25 de septiembre; la formación de las rocas más antiguas conocidas, el 2 de octubre; la época de los fósiles más antiguos, el 9 de octubre. Los dinosaurios hacen su aparición en Nochebuena.

En toda esta evolución el ser humano no hace acto de presencia hasta las 22:30 horas de la víspera de Año Nuevo. La historia escrita ocupa los últimos 10 segundos del 31 de diciembre, y el espacio transcurrido desde el ocaso de la Edad Media hasta la época en que vivimos es de poco más de un segundo.

¿No es para pensarlo profundamente? A la vista de lo casi nada que somos los seres humanos en un mundo antiquísimo, no queda más que reconocer que debemos inclinarnos por la humildad. ¡Qué ridícula resulta nuestra soberbia manifestada cuando nos dedicamos a acumular bienes materiales, descuidando la relación con nuestros seres queridos; cuando ávidos de dominar y conseguir poder despreciamos y pisoteamos a nuestros semejantes; cuando nos dejamos vencer por los prejuicios y rechazamos a quienes tienen otra manera de comportarse; cuando nos creemos poseedores de la verdad absoluta y no toleramos a quienes piensan de modo diferente; cuando por ganar dinero destruimos el mundo sin tomar en cuenta que nos fue dado en préstamo por nuestros descendientes; cuando predicando falsos Absolutos e idolatrando dioses por nosotros mismos inventados decretamos identidades impuras y nos dedicamos a la caza de brujas; cuando nos convertimos en señores de la guerra y abrimos las puertas al terror, la violencia y el fanatismo!

El calendario cósmico de Sagan nos enseña que no hay fundamento para nuestra arrogancia. Es hora de preocuparnos de veras por cómo estamos haciendo las cosas.

Rogelio Rodríguez Muñoz