El espíritu Sagan

A 10 años de la partida de Carl Sagan

El día de mañana se cumplen 10 años desde que el astrónomo y divulgador científico Carl Sagan, mejor conocido por su famosísima serie de TV de los ochenta: “COSMOS”, moría al lado de su esposa y sus hijos. Sagan representó en mi vida un hito formativo, el cual me transmitió el amor por la ciencia y la astronomía, junto a la valoración de un conjunto de temas-problemas los cuales desarrolló en su vida académica (y podríamos decir que en la totalidad de su vida) que me han atraído desde ese entonces. Era un niño cuando vi por primera vez COSMOS, y desde ese momento veía dicha serie cada vez que la repetían. En mi adolescencia me regalaron el libro y lo leí con gran pasión, impregnándome de lo que podríamos llamar “el espíritu Sagan”. La admiración por dicho espíritu fue compartido con un amigo de infancia y adolescencia (Miguel Edgardo), reforzándolo y haciéndolo vida. Miguel seguramente es más fiel a dicho espíritu, yo en cambio lo he combinado con la espiritualidad cristiana. Sagan era un agnóstico, pero al final de su vida señaló que las grandes religiones (salvo relativamente el Islam) habían evolucionado en el respeto por la ciencia y podrían ayudar en la lucha por la preservación del medio ambiente (idea que el autor sostiene en su libro: Billions and Billions (1997) y para desenmascarar a la pseudociencia (The Demond-haunted World, 1995). Incluso llegó a hablar de la integración de la ciencia y religión en algunos aspectos, apoyando la siguiente frase de Juan Pablo II: “La ciencia puede purificar la religión del error y la superstición; la religión puede purificar la ciencia de la idolatría y los falsos absolutos.”

El “espíritu Sagan” sostiene que la persona posee un anhelo natural por la verdad y el conocimiento; e incluso siguiendo a Bertrand Russell (La conquista de la felicidad, 1930) la búsqueda del conocimiento representa una de las principales fuentes de alegría y gozo; y así lo sostiene Sagan al decir que “la ciencia no sólo es compatible con la espiritualidad sino que es una fuente de espiritualidad profunda” usando como ejemplo la sensación de regocijo y humildad que nos transmite cuando la ciencia reconoce nuestro lugar en la inmensidad del COSMOS. Sagan dedicó su vida a popularizar la ciencia, a transmitir este “espíritu”; debido a su firme creencia en el papel que esta ha tenido en los últimos 300 años los cuales han representado un progreso nunca visto, éxito que se debe fundamentalmente a su mecanismo de análisis e investigación el cual se basa la ciencia. La ciencia para Sagan“es una manera de pensar imaginativa y disciplinada al mismo tiempo (…) que nos invita a aceptar los hechos, aunque no se adapten a nuestras ideas preconcebidas. Nos aconseja tener hipótesis alternativas en la cabeza y ver cuál se adapta mejor a los hechos. Nos insta a un delicado equilibrio entre una apertura sin barreras a las nuevas ideas, por muy heréticas que sean, y el escrutinio escéptico más riguroso: nuevas ideas y sabiduría tradicional. Esta manera de pensar también es una herramienta esencial para una democracia en una era de cambio” (The Demond-haunted World, 1995, págs. 45-46).

La viuda de Sagan: Ann Druyan, sostiene que Carl “sigue vivo” en las miles de personas que se han visto inspiradas por el espíritu Sagan, y esto es cierto. Su ejemplo como hombre de ciencia, enamorado de la búsqueda del conocimiento y preocupado por el destino de la humanidad y del planeta Tierra, perduran en cada uno de nosotros los que fuimos “tocados” por COSMOS; por ese mecanismo maravilloso que integra armónicamente las diferencias con el orden. ¡Gracias Sagan!.